en las noches de verano. En la pared de la casa de enfrente de la Posá había una farola. Noche tras noche yo aguardaba asomada a la ventana de mi habitación que acudieran las Salamanquesas a la caza de insectos. Me atraía enormemente mirarlas, seguir con mis ojos, como tomaban vida en la noche, a la la luz de aquella farola. En aquella pared no había ni jazmines, ni naranjos, solo una pared blanca y unos cables que mis ojos recorrían para llegar igual que ellas hasta esa luz mágica que daba la bombilla de la farola.
Gracias María por esa foto que me recuerda aquellas noches.
El poema que pongo a continuación, lo encontré el año pasado a la vuelta de Zamoranos, en un blog, siento no recordar cual, pero lo tenía archivado.
Al ver la foto lo he recordado y os lo envío.
Y... a ver si paseais mas.
Diminuto dragón de las paredes encaladas
velabas mis siestas infantiles a la sombra de un Jazmín cordobés
y al caer la tarde... sigiloso y ligero escalabas,
buscando la luz de los quinques de un patio de naranjos...
Yerro forjado, ventanas y azoteas...
alcollas pintadas de azul y blanco ahitas de agua clara
Tarentola que llegaste a mi algibe, que buscabas?
candiles de aceite en el jardín, candiles en un patio cordobés
y al anochecer ... a mi alfeizar te encaramas,
olor a madreselva y yerbabuena y macetas de albahacas...
Comentarios
#1 Recuerdo observarlas durante horas